El precio de seguir cargando el costal… y el acto valiente de elegir ser feliz
- Karla Maldonado C
- hace 7 días
- 7 Min. de lectura
Hay personas que caminan la vida con un costal a la espalda. No se ve, pero pesa. Está lleno de heridas, decepciones, traiciones, palabras que dolieron y momentos que marcaron un antes y un después.
Ese costal no apareció solo. Se fue llenando con lo que no supimos cómo procesar, con lo que nos hirió cuando no teníamos las herramientas para defendernos emocionalmente.
El problema no es que exista. El problema es seguir cargándolo como si fuera parte obligatoria del camino.
Porque llega un punto en el que ya no es el pasado el que duele…sino la decisión diaria de no soltarlo. UF!!! eso si que es un paso heroico, pero si puede hacerse.
Cuando el pasado se vuelve una excusa silenciosa
A veces decimos: “Es que después de lo que viví, ya no puedo confiar.” “Con lo que me hicieron, es normal que sea así.” “Yo soy así por todo lo que pasé.”
Y sin darnos cuenta, el dolor se convierte en identidad. La herida toma el volante. El pasado decide cómo amamos, cómo reaccionamos, cómo vivimos. No porque tenga derecho…sino porque se lo cedimos.
Seguir viviendo desde ahí tiene un precio muy alto: nos roba el presente, nos amarga el ahora y nos convence de que la felicidad es algo que les pasa a otros, no a nosotros.
Cargar el costal no es lealtad, es cansancio
Muchas personas creen que soltar el dolor es minimizar lo que vivieron. Que dejar de sufrir es traicionar su historia. Pero no es verdad. ¡No es la verdad! Yo digo que eso es lo que nos hace creer el chanclas jejeje.
Sanar no borra lo vivido. Lo honra desde otro lugar. Porque seguir cargando el costal no te hace más fuerte, solo te hace más cansado. Más reactivo. Más desconfiado. Más distante de la vida que podrías estar viviendo hoy.
Y la vida… no espera a que resolvamos el pasado para seguir avanzando.
Elegir ser feliz no es negar el dolor
Aquí hay algo importante que decir con claridad: elegir ser feliz no es fingir que no dolió, no es tapar emociones, no es sonreír por obligación.
Elegir ser feliz es un acto profundo de responsabilidad emocional.
Es mirar lo que pasó y decir:
“Esto me marcó, pero no me define.”
“Esto me dolió, pero no voy a vivir desde aquí.”
“Esto fue parte de mi historia, no el final de ella.”
Es decidir que el dolor ya no será el filtro con el que miras todo.
El momento en que sueltas… algo cambia
Soltar no ocurre de golpe. Ocurre en decisiones pequeñas y silenciosas:
cuando eliges no reaccionar desde la herida
cuando dejas de justificar tu infelicidad con el pasado
cuando te permites sentir paz sin culpa
Y poco a poco, el costal pesa menos. No porque olvidaste, sino porque ya no lo cargas todo el tiempo. ¡Ahí empieza algo nuevo!
El precio de no soltar… y el regalo de hacerlo
No soltar tiene un precio:
relaciones tensas
emociones desbordadas
una felicidad siempre postergada
Pero soltar también tiene un precio: requiere valentía, honestidad y conciencia.
La diferencia es que uno te encierra y el otro te libera.
Elegir ser feliz no es un acto ingenuo. Es un acto profundamente humano.
Es decirte a ti misma, con amor y firmeza:
“Ya sufrí suficiente. Ahora elijo vivir.”
Y esa elección… puede cambiarlo todo.
Puedes leer también ¿Cómo sanar la herida?
Te copio aquí uno de los capítulos de mi libro ¿Cómo seguir? Casada y feliz.
“Cuando la herida sigue doliendo
En esta ocasión, no es un aprendizaje o teoría, más bien es la expresión o lo que quisiera decir muchas veces cuando tengo una pareja frente a mí, buscando ayuda, buscando estrategias para no continuar hiriéndose o quizá, aunque personalmente no me guste... Buscando la mejor manera para separarse pensando que eso es lo que los hará felices.
Dicen que en consultoría, coaching o terapias psicológicas... Quien está frente al "cliente o paciente" no debe dar soluciones, no debe involucrarse y quizá sea cierto, y es en sí controlable, por lo menos es lo que he podido observar de mis colegas que he visto trabajar, sin embargo, eso no quita que mis pensamientos no paren, es por eso que decidí escribirlos.
Quizá y más cierto que dudoso una pareja llega a buscar ayuda porque quieren rescatar aquello que un día soñaron o la vida misma les orilló a juntarse y comenzar una vida en pareja, juntos y que por no comprender y no aceptar las diferencias van creando obstáculos para permitir que esa luz del amor florezca.
En fin, siempre estamos en busca de algo más y no nos damos cuenta que el más ya lo tenemos pero que lo escondemos.
Puedo entender y comprender que si vives situaciones "complicadas" o dolorosas en pareja es por ciertas acciones que surgieron hace tiempo, y no necesariamente son años, quizá son horas y hacen que se encienda el "switch de la destrucción", de querer terminar incluso la relación por sentirse herida, defraudada, o un tanto presionada por esas acciones de la otra persona, de la pareja; y eso no solo contribuyen a la destrucción del presente sino también del sueño para el futuro e incluso un miedo de amar o sentirse amada.
Cuando escucho que me dicen que quieren aprender a comunicarse y poder hablar sin pelear, que quieren perdonar, que quieren volver a creer, que es el último esfuerzo que van a hacer...
Me veo un tanto "forzada" a decir que hay estrategias para hacerlo, que hay procesos cómo escribir una carta perdonándose, que sigan el paso 1 al 4 para aprender a comunicarse, muchas habilidades existentes que como consultores o coachs existen, y que incluso yo utilizo, he publicado, vas a leerlas aquí y que yo las hago con mi esposo; sin embrago más allá de eso, mi corazón lo que les quisiera decir es...
Hubo un día, un momento que el sentimiento de decepción, de traición o incluso de enojo "entró" en tu mente, así de fácil, así de sencillo ¡pum! apareció.
Y aquí rápido surge esa voz que dice... “Pero las acciones de mi pareja lo provocaron” y quizá así fue, sin embargo, eso no quita que así, ¡pum! El sentimiento se quedó en la mente y en el corazón, entonces ¿podrías intentar así, ¡pum! y no permitir que resurja e interfiera?
Cuando de pequeño te caías y te hacías un raspón en la rodilla (de esos que duelen al estirar o doblar la rodilla y además arden, ¡auch!) y mamá o papá la curaban (y lo mejor era el beso, esa magia de padres que curaba todo); comenzaba a cicatrizar, y con ello daba mucha comezón y muchas veces te daban ganas de rascarte o terminabas arrancando la costra que se comenzaba a hacer y entonces ¿qué sucedía?
Si el raspón había sanado, quedaba cicatriz y ya, pero si aún no estaba completamente reparada, la herida volvía a sangrar e iniciaba otra vez el proceso de cicatrización ¿qué objeto tiene rascar en una herida que puede causar otra vez dolor?
¿Cómo perdonar o dejar atrás? Te preguntarás, y así de fácil es: deja de rascar en lo que ya está cicatrizando, y si comienza a dar comezón solo hidrata un poco la piel y la comezón pasará y así ¡pum! el sentimiento que instales estará más fresco y ayudará a que la cicatriz vaya desapareciendo hasta ya casi no la notes.
Así que la próxima vez que vayas a atravesar ese cruce peligroso donde sabes que puedes salir lastimado porque tiempo atrás así fue... Será mejor voltear para ambos lados, tomarse de la mano y esperar que el semáforo esté en verde y así cruzar, pero sin que el raspón duela.
¿Qué objetivo tiene estar rascando la herida? Mejor hidrata la piel y sanará más rápido.
Así, ¡pum! Decide dejar atrás y si se vuelve a presentar ¡pum! Promueve un momento que genere hidratación en tu relación y pronto aparecerá el presente que quieren y eligen vivir y el pasado desaparecerá.
Sanando la herida nos habla de que sucede en el presente y va hacia un futuro, y te quiero compartir tres acciones que van a ayudarte a comenzar a realizarlo.
1. Identifica qué es lo que te duele, de dónde surge y ponle también un valor, así es, reconoce cuánto te duele.
2. Dale una fecha de caducidad. Lo que haya generado ese dolor que hoy sientes, sucedió en el pasado, así que si no quieres que se eche a perder y comience a intoxicarte, otórgale la fecha de caducidad. Elige hasta qué día va a seguir presente en tu vida. Lo que haya sido, ya fue, no permitas que acabe también con tu presente.
3. Suelta el dolor y agarra algo nuevo. Agárrate de lo que hoy si quieres en tu vida, de tus propósitos y descubre eso que pasó, que te dolió que te puede enseñar.
Si andas en bicicleta y te caes haciéndote un raspón en la rodilla, la siguiente ves que te subas vas a tener el cuidado de usar rodilleras, aprendiste del dolor que te causó no traerlas. Quizá no te pongas coderas, vas a caer y ahora el raspón será en los codos.
¿Qué harás la siguiente ves que vayas a andar en bicicleta?
Comenzarás a pensar en diversas zonas que puedes proteger ¿cierto?
Así es en tu relación de pareja, así que súbete a esta experiencia y comienza a aprender una manera distinta de amar. “
Puedes pedir este libro hoy mismo y ver más estrategias como ésta AQUÍ
No vas sola, no van solos, puedo ayudarlos a transitar este paso que a veces puede parecer difícil y muy doloroso.
Elegir ser feliz no es huir,es dejar de cargar lo que ya pesa demasiado.
Muchas mujeres no están rotas, están agotadas emocionalmente.
Si hoy te reconoces aquí, mi libro Matrimonio ¿beso, reto o rezo? no te dice qué hacer, te ayuda a pensar con claridad antes de rendirte.
Nos leemos en el siguiente Coffeebreak
Karla Maldonado Cabieses
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